Descubriendo a Paul Auster

A Paul Auster lo encontré por casualidad. Diría casi que por aburrimiento. Estaba llegando al final de “Los cuentos Completos de Poe” traducidos por Cortázar, esos cuentos que poco tienen de mi Poe imaginario, llenos de descripciones engorrosas y sin sentido. Aun así, estaba decidida a terminar el libro de más de ochocientas páginas. Pero quería divertirme en el proceso y decidí intercalar la lectura de Poe con otros libros.

Viajaba en tren desde Shanghai a Beijíng buscando en mi libro electrónico (uno de los mejores inventos para los lectores) cuando di por casualidad con un título que llamó mi atención: “La habitación cerrada”. Algo en mi interior me dijo que en esa habitación había mucho por descubrir.

Descubriendo a Paul Auster


Empecé a leer a Paul Auster sin saber nada de él, sólo su nombre. No sabía que es norteamericano y que nació en 1947. Que actualmente vive en Nueva York pero es originario de Nueva Jersey. Tampoco estaba enterada de sus aventuras en un petrolero como marino, ni de sus tres años en Francia trabajando como traductor y cuidador de una finca.

Terminé de leer “La habitación cerrada” sin poder leer una sola línea más de los “Cuentos completos de Poe”. No es que quiera desmerecer al Cuervo pero no hay algo que me aburra más que las descripciones sin fin de las que Poe hace alarde en sus últimos cuentos.

La trama es irresistible. Es imposible no obsesionarse con la historia, así como el narrador se obsesiona con Fanshawe. La vorágine de la escritura, la forma en que la historia avanza y evoluciona genera un estado de empatía absoluta con los personajes.

Cuando se lee a Auster uno deja de ser uno. Abandona la propia mente para adentrarse en lo más profundo de la historia, en la psiquis de los personajes, en los pensamientos más oscuros del autor. Solo para darnos cuenta, cuando ya es demasiado tarde, que es Paul Auster el que se cola en nuestra historia, en nuestros miedos y deseos, en nuestra mente. Somos nosotros los perseguidos, creyéndonos perseguidores. Presos en una trampa sin salida. Cuando se lee a Paul Auster uno deja de ser uno para convertirse en parte de la historia, perdidos en un universo sin formas ni cuerpos.

Cuando el tren entró en la estación de Beijíng ya había leído el final de “La habitación cerrada”. El mismo hacia hincapié en “La Trilogía de Nueva York”, algo que yo desconocía. Tres historias conectadas, tres historias acerca de la misma historia: “Ciudad de cristal”, “Fantasmas” y “La habitación cerrada”.

Historias dentro de historias. Personajes que continúan y finales entremezclados con otros finales. Es mentalmente imposible no identificarse con los personajes, no meterse en lo profundo de sus mentes y sus miedos y no ser parte de esos pensamientos. Es físicamente imposible no convertirse en Quin, en Azul o en Fanshawe.

Hasta el día de hoy llevo cuatro libros leídos de Paul Auster y todavía no logre terminar el de Poe. Por eso te recomiendo que si estas aburrido de encontrar las mismas historias ocultas detrás de diferentes y coloridas tapas, emprendas el camino hacía “La trilogía de nueva York”, un libro por el que vale la pena perderse.


Si querés saber más sobre Paul Auster, seguí leyendo: La Música del Azar de Paul Auster.
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Escritora | Viajera | Licenciada en Administración. Actualmente me encuentro viajando por el mundo y decidí co-crear este espacio virtual para unir dos pasiones: Escribir y Viajar. Laura en Google+

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