Nananu i-ra, un lugar en el mundo

Dejamos a Nadi atrás, por un tiempo, para ir a recorrer algunas de las islas que nos brinda Fiji en su itinerario. Nuestro destino sería la isla de Nananu i-ra. Después de desayunar debidamente, hicimos el Check-out, retiramos dólares fijianos desde el cajero del Hostel (cambio 1,398 FD = 1 NZD más 8 FD de comisión) y nos fuimos en busca de la camioneta que nos estaba esperando en el Hostel Bamboo.

Fiji

Salimos a las 10:30hs rumbo a Rakiraki. El viaje fue bastante tranquilo. Duró alrededor de 3 horas y pasamos por 3 ciudades antes de llegar a destino. En el camino pudimos apreciar la Fiji no turística. Si bien puedo decir que se ve bastante pobreza en el interior de la isla, esa no sería la palabra exacta que la describiría, sino podría ser simpleza en la forma del vivir de sus habitantes nativos. Quizás esta sea su única alternativa de vida, al ser una isla pequeña en el medio de Océano Pacífico, cuyo principal medio de ingreso es el turismo. Casi aislada del mundo. Viviendas sencillas, carreteras en mal estado, con pocas señalizaciones, paisajes montañosos mesclados con costas de interminables playas vírgenes fue nuestra vista durante todo el trayecto, y un calor entre sofocante y tolerable, teniendo en cuenta que estamos en el invierno de Fiji (no me quiero imaginar como es el verano).

Cerca de las 13:30hs llegamos a Rakiraki. Fuimos hasta el centro de la ciudad para comprar víveres para llevar a la isla de Nananu i-ra, ya que en ella no venden alimentos. Paramos en un New World, un supermercado medianamente grande en comparación con los otros que había, y allí hicimos las compras para las comidas. También agregamos agua mineral en cantidad necesaria y algunos packs de cervezas. Habremos gastado unos 50 FD por persona. Luego de esto, el chofer nos llevó hasta el muelle, a la espera de nuestro bote para cruzar hasta la isla.

RUMBO A NANANU I-RA

El capitán del bote, Aniti, fue muy amable y nos condujo de una manera muy segura hasta Nananu i-ra. El trayecto fue asombroso. Un mar de color azul intenso por tramos y de azules mas claros por otros, rodeados de incontables islas e islotes por doquier.

Cuando arribamos a tierra firme nuestro asombro no fue menor. Una pequeña isla con palmeras, arena fina y blanca, corales y mar por todos lados nos estaba esperando. Nos alojamos en el Hostel, que es una cabañita en una colina, para nosotros solos. Nos acomodamos rápido y nos fuimos corriendo a la playa a darnos un chapuzón en su mar de aguas transparentes y pececitos de colores.

Fiji

Dos cosas a destacar de esa tarde que ya se estaba haciendo noche. Los chicos se pusieron a hacer un fogón en la playa, y quedó muy bueno. La otra es que hicimos un terrible asado a orillas del mar, con una luna casi llena de testigo.

Más tarde, y con la panza llena, salió ronda de Kava, cervezas para todos (se habían sumado dos ingleses y nuestro capitán del bote, Aniti) y charlas alrededor de un fuego, que no quería extinguirse jamás.

WONDERFUL DAY

No mentiría si dijera que el quinto día en Fiji fue uno de los más maravillosos que tuve en mi vida. Fue pura adrenalina desde el momento en que me desperté.  

Luego de desayunar a orillas del mar, emprendimos una caminata por la costa con la intención de rodear la isla. Nos habían informado que el trayecto duraría aproximadamente unas 4 horas, ya que después, empezaba a subir la marea y era imposible continuar con la caminata. Fue así que salimos rumbo al oeste de la isla. El grupo expedicionario se componía de MICA, LAU, MAURI, TEBO, FRANCO y YO. Caminamos unos 10 minutos y nos encontramos con nuestro primer obstáculo. En una esquina del extremo noroeste de la isla, la marea todavía no había bajado lo suficiente y se encontraba muy pedregoso el camino. Sin vacilar intentamos continuar, tratando de esquivar las piedras. Para colmo, TEBO, MICA, LAU y YO no habíamos llevado calzado. MICA y LAU se volvieron a buscar unas zapatillas y TEBO y YO, obstinados como siempre, continuamos por ese camino casi intransitable. Llegó un momento en que no podíamos avanzar más (y les diría, ni volver sobre nuestros pasos), por la cantidad de piedras que había, algunas bastantes puntiagudas y filosas, otras mojadas y corríamos el riesgo de patinarnos. Y ahí se nos ocurrió una rara idea. Si caminábamos hacía el mar, podríamos sortear los corales y nadar alrededor de los mismos hasta llegar al otro lado. Una proeza pocas veces realizada, según nos contaron después los lugareños.

Una vez que llegamos hasta el mar, después de una caminata lenta pero sin pausas sobre los corales y algunas piedras, empezamos a nadar intentando bordear la isla y darles alcance a los chicos que, también iban lento, caminando por las piedras en la costa. MICA y LAU ya se habían sumado a MAURI y FRANCO.

Fiji

Al principio fue bastante divertido, más cuando lo miraba a TEBO con la cabeza afuera de la superficie y con sus anteojos de leer puestos (se había olvidado de quitárselos cuando salió a caminar o no contaba que iba a tener que nadar). Yo había llevado unas antiparras, así que fui el guía en esta empresa de nadar alrededor de la isla, bordeando los corales hasta encontrar alguna “puerta” por la que podamos pasar para nadar hasta la playa. Iba divisando las maravillas subacuáticas que nos brindaba este mar. Peces de millones de colores y tamaño. Corales de infinitas formas y texturas. Un universo marino que estaba más allá de mi imaginación.

Cuando quisimos acordarnos, ya habían pasado como una hora desde que empezamos a nadar y no podíamos volver a la costa, porque una barrera larguísima de corales nos lo impedía. En ese momento empezamos a tener un poco de miedo. Miedo por no poder volver a la costa y miedo a que nos coma algún tiburón. Je.

Continuamos bordeando los corales, hasta que nos pareció ver, que a unos 500 metros más adelante, se terminaba esta extensa barrera y podríamos nadar hacía la costa. Para desaliento nuestro, esto no fue así. La barrera parecía que se extendía alrededor de toda la isla. ¿Y ahora que hacemos?, fue la pregunta que hicimos al unísono. ¿Cómo salimos de esta?, ¿Cómo volvemos a la costa?, ¿Nos vendría a rescatar algún helicóptero, o tendríamos que esperar a que suba la marea, unas 6 horas más, en el agua, para así poder nadar tranquilos hasta la playa por sobre los corales?

Allí nos dijimos que no nos quedaba otra que empezar a pasar por encima los corales, aunque esté la marea muy baja. Iba a ser un camino muy complicado, muy difícil, porque algunos corales eran muy punzantes y nos harían algunos cortes, pero no sería imposible. A todo esto ya habían pasado como 3 horas y nosotros seguíamos en el mar, luchando por nuestras vidas, intentando volver a la playa.

Entonces emprendimos la odisea. Gracias a mis antiparras podía elegir las zonas donde era menos peligroso el camino. Pasamos la primera barrera, pero todavía estábamos muy lejos de tierra firme. Nadamos un poco más directo hacia la playa y nos encontramos con una segunda barrera. Mismo esfuerzo y misma estrategia que el anterior. Cruzamos este segundo escollo. Ya estábamos un poco cansados y agotados. Teníamos los dedos de las manos bastantes arrugados por la extensa exposición al agua. Nos daban ganas de hacer pis cada 10 minutos. Y teníamos algunos cortes, poco profundos en nuestros cuerpos.

Fiji

Soldados Romanos

Después de cruzar una tercera y cuarta barrera de corales, y de realizar un esfuerzo bastante agotador, pudimos llegar a la playa. Si!, lo habíamos conseguido. Descansamos un rato y nos agraciamos de nuestra excitante, emocionante y osada proeza recientemente vivida. Nos miramos como dos niños después de hacer una travesura y nos empezamos a reír juntos.

Una aventura que no voy a olvidar jamás. Agradezco a la vida haberla vivido, y le doy gracias a TEBO por compartir esta experiencia conmigo. Juntos nos dábamos apoyo constantemente y hacíamos bromas de las situaciones para quitarles dramatismos. Una travesía con mucha adrenalina que pude vivir en la isla de Nananu i-ra, en el medio del océano Pacífico.

Fiji

Mientras leo

Después de un agitado día número 5, en esta Travesía Fiji 2013, el sexto día me lo dediqué a descansar y leer. Me levante tempranito, como de costumbre en estas vacaciones, me hice el desayuno y me lo fui a tomar a orillas del mar, bajo unos arboles que me oficiaron de sombra durante toda la mañana. Luego de desayunar, muy tranquilo y en paz como me encontraba, con el sonido de las olas llegando a la costa como música de fondo, agarré mi E-Book y me puse a leer un largo rato.

El día siguió y terminó en una tranquilidad absoluta conmigo mismo, y una armonía interior que me permitió disfrutar de estas creaciones naturales que nos estaba brindando Fiji, más precisamente la isla de Nananu i-ra. Debo afirmar, uno de mis lugares en el mundo.

El séptimo día nos lo tomamos con Laurita en soledad. El itinerario de la jornada sería ir a caminar por la playa rumbo a sureste (es decir, hacia el otro lado de donde fuimos el día 5) y así fue que empezamos a concretarlo.

Fuimos avanzando bordeando la isla, contemplando el mar y la playa, hasta que llegamos a un sector que se veía una isla más pequeña en frente, y lo más asombroso de la situación fue que se podía cruzar hacia ella, ya que la marea estaba muy baja y el camino hacia la misma no distanciaba de más de 100 metros entre una isla y otra.

Con la ayuda de nuestro guía turístico, un perrito que se nos unió en nuestra caminata y al que apodamos Blackie, cruzamos por el mar hacia esta islita y allí hicimos algunas fotos y nos quedamos un rato disfrutando de la soledad que nos deleitaba esta magnifico lugar. Luego serpenteamos esta nueva isla y nos encontramos con que se podía pasar a otra isla, es decir, a una tercera isla. Así lo hicimos. Cruzamos y también nos quedamos un rato sacando algunas fotos. Más tarde, cuando notamos que ya la marea estaba empezando a subir, emprendimos la marcha de regreso. Cruzamos las dos islitas, y devuelta en Nananu i-ra, en lugar de volver por donde habíamos venido, decidimos caminar hacia el otro lado, rodeando por la playa, con la intención de dar la vuelta a la isla.

FijiUna vez que regresamos a nuestro “campamento base”, tuvimos que mudarnos de Hostel dentro de la isla misma, ya que donde estábamos, es decir el Charlie Cottage, tenía reservados los dos próximos días. De esta manera nos mudamos hasta el Safari Lodge (25 FD por noche), un hostel que esta arriba de una montaña, muy lindo y con muchas oportunidades para hacer actividades y deportes acuáticos. En él pasamos dos noches, para luego irnos definitivamente de Nananu i-ra, para continuar con nuestro recorrido por Fiji.

Durante la tardecita fuimos a ver el Sunset (atardecer) a una colina de la isla en la cual teníamos una vista privilegiada de la caída del sol. Hicimos algunas fotos. Disfrutamos de esta creación del universo y luego volvimos al hostel.

Fiji

Cuando volvimos, Mica se hizo unas tremendas tortas fritas y nos quedamos charlando con una pareja Holandesa muy copada. Me puse bastante contento al notar que estoy entendiendo mucho el idioma inglés, ya que charlamos un largo rato con estos chicos y pude comprender la mayoría de la conversación. Todavía me falta poder expresarme, pero para mí, es un paso gigante que sigo dando.

El 26 de junio, a las 8:30 tomamos el bote de regreso, capitaneado nuevamente por nuestro amigo Aniti, hacia la costa de Rakiraki, para allí tomar nuevamente la traffic hacia Nadi. Nos despedimos de la isla con una angustia en nuestros corazones. En Nananu i-ra pasamos 5 días estupendos, disfrutando del sol, de la playa, del mar, de la tranquilidad que solo esta isla puede brindar. Hasta siempre…

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Escritor | Viajero | Licenciado en Administración. Actualmente me encuentro viajando por el mundo y decidí crear este espacio virtual para unir dos pasiones: Escribir y Viajar. Pila en Google+

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2 Comentarios

  1. 12 Marzo, 2014

    […] isla es mucho más linda, estéticamente hablando, que Nanau i-ra, aunque es más chica en tamaño.  Tiene arena mucho más blanca y más fina, playas más grandes, […]

  2. 28 Julio, 2015

    […] de tres días en Nadi nos fuimos a seguir nuestra Travesía a la isla de Nananu i-ra. Acá nos ven posando mientras esperábamos el bote que nos transportara hacia nuestro nuevo y […]

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