Relato de un viaje a dedo desde Albania hasta Kosovo

Relato de un viaje a dedo desde Albania hasta Kosovo

Relato de un viaje a dedo desde Albania hasta Kosovo


La mañana se presentaba tranquila. Casi como cualquier otra, salvo que era nuestro día libre en el Hostel y con el nuevo sistema de horas que habíamos diseñado, gozábamos de 48 horas de descanso ininterrumpidos.

Estábamos con I en el Hostel Durrës, en Albania listos para salir hacia la estación de buses para conseguir un transporte a la ciudad de Prizren en Kosovo. Nuestro nuevo destino elegido para pasar esos dos días de vacaciones.

Teníamos la información de que los buses salían a las 8 a.m. Así que, con tiempo, empezamos a caminar con nuestras mochilas al hombro. Felices de emprender una nueva aventura. Pero a la media cuadra tuvimos nuestro primer percance del día. I se había olvidado el pasaporte en el Hostel. Me dejó sus cosas y volvió corriendo a buscarlo.

Con la documentación necesaria en nuestro poder tomamos un bus local hasta la Estación de Autobuses hacia Kosovo. Cuando llegamos nos encontramos que en realidad, la famosa Estación, era una garita en la calle Rrota e Kuqe en la zona de Plepa. Nos acercamos timidamente como pidiendo permiso a la única mesita que había, para comprar los boletos. Un señor, que no hablaba nada de inglés, nos explicó que habíamos perdido el autobús por dos horas. El horario era a las 6 a.m. y no a las 8 a.m. como nos habían mal informado. Sin desesperarnos acudimos al Plan B: Llegar hasta Kosovo “haciendo dedo”.

Desde Albania hasta Kosovo “a dedo”

Antes de encararle a la ruta en busca de un tranporte, paramos en un bar a tomar un café. Asi de desesperados y preocupados por perder el autobús estábamos. Ya con energías recargadas, gracias a la cafeína, nos acercamos a la rotonda que está próxima a la autopista que va a Tirana. Sabíamos que el viaje de casi 200 kilometros cruzando Albania era todo un desafío. Pero no nos intimidamos. Antes de llegar a la rotonda pasó una camioneta con la leyenda: Kruja y le hicimos señas de parar. Paró y, por 150 lekes, nos dejó debajo de un puente en la ciudad de Kruja. El primer tramo estaba hecho. No habíamos avanzado mucho. Solo 40 km. Pero algo era algo. Seguíamos ganando terreno.

Consultamos el mapa y nos indicó que subiendo el puente había una autopista, la E762, que se dirigía al norte para encontrarse con la E851 que iba directo a la frontera con Kosovo. “Esa es la nuestra“, pensamos sin decirlo en voz alta.

Escalamos el puente, eso hicimos, porque subimos trepando por un lugar donde no había caminos, y nos encontramos con la famosa autopista. Pero había dos inconvenientes para hacer dedo allí. El primero, que era un puente y el segundo que estaba en una subida y empalme con otra ruta. ¿Quién se iba a arriesgar a parar en un lugar como ese para levantar a dos desconocidos con mochila? La respuesta fue el primer auto que pasó. Soportando estoícamente los bocinazos, insultos, escupitajos, dobles Nelsons, piquetes de ojos y demás groserías, dos chicos y una chica en un Jeep Cherokee, importado de Inglaterra hacía dos días, frenó y nos levantó.

¿Hacia donde van? —quisieron saber nuestros nuevos amigos.

A Kosovo. A la ciudad de Prizren —respondimos.

Bueno. Nosotros vamos a la ciudad de Kukës que queda cerca de la frontera con Kosovo. Los podemos llevar hasta ahí y después pueden intentar hacer dedo otra vez hasta la frontera o hasta Prizren mismo.

Nos parece perfecto —dijo I con su hermoso y perfecto acento británico.

Teníamos transporte. Estamos encaminados. Íbamos de paseo. En un auto nuevo. Con aire acondicionado. Cómodos. Satisfechos. Afuera hacía un excelente día. En ese momento agradecimos haber perdido el autobús y poder vivir esta experiencia. Volver a experimentar en carne propia la amabilidad de la gente albanesa.

Primero charlamos un rato con los chicos. Preguntas de rigor. Nombres. Edades. Nacionalidades. Motivos del viaje. Casi como cuando se cruza en una frontera pero sin presiones y cara de ojetes. Luego nos acomodamos en nuestros asientos y nos dejamos llevar entre autopistas en excelente estado, un río, el Lumi Mat, que nos escoltaba por la izquierda y montañas alpinas que nos miraban de reojo por la derecha. Cruzando por el medio Albania. Recuerdo que en ese momento pensé que si había un instante ideal para morir, era ese. Me sentía pleno. Feliz. Más tarde I me confesó que ella también había pensado lo mismo. Alguna conexión se estaba generando.


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La amabilidad albanesa se hizo presente

Después de una hora, los chicos se ponen a charlar entre ellos en albanés y al rato nos dicen que nos acompañaban hasta Prizren. Sí. Como bien leen. Alegando que no tenían nada que hacer durante el resto del día, nos llevarían hasta nuestro destino, solo para pasear y ayudar a un par de viajeros. Iban a hacer casi 100 km de más solo para dejarnos en el centro de Prizren. Y después la gente me pregunta si Albania es peligroso.

Nos comunicaron que uno de los chicos se quedaba en Kukës y que los otros dos, la pareja, continuaban con nosotros. Frenamos unos minutos a buscar los pasaportes de ellos y seguimos viaje.

En la frontera no habremos estado más de dos minutos. Era media mañana y no había tráfico. Pero una vez en Kosovo, nos frenó la policía. Se ve que el conductor, dueño del auto, aprovechando que éste era nuevo, importado, con asientos de cuero, terminaciones de madera, lo quiso probar, aumentando la velocidad más de lo que las leyes de autopistas de Kosovo lo permitían. Bajó la ventanilla y escuchamos como se puso a discutir con un policía, mientras otro oficial kosovés se dirigió a mi y me hizo dos preguntas del tipo interrogatorio en un juicio.

¿Conocen al conductor?

Respondí que si. Que lo conocíamos desde hacia un par de horas. Que nos levantó en Albania y estabámos muy agradecido por ello.

¿Ustedes de que país son?

Ella es de Republica Checa y yo de Argentina, oficial.

Al escuchar esto último al policía se le iluminó la cara. Si hubiese sido perro se habría puesto a saltar y a mover la cola sin parar.

¡Argentina! ¡Argentina! —empezó a gritar—. Messi. Maradona. Fútbol. Tango. Sigan. Sigan. ¡Dejálos que sigan, che! Dejálos que disfruten de la ciudad. Bienvenidos a Kosovo y que tengan un excelente día.

Aunque suene increíble, la verdad fue que nos salvamos de la multa por el sólo hecho de que yo soy argentino. Más tarde me enteraría de una triste realidad. Argentina no reconoce a Kosovo como un país independiente. Este tema da para un análisis más profundo que pronto haré en modo de texto. Pero siguiendo con el relato. El chico que manejaba me agradeció por ser argentino y por haberse salvado de pagar la multa.

Unos minutos después nos encontrabamos en Prizren. Habíamos llegado a destino. Después de un par de horas desde que salimos de Durrës estabamos donde queríamos estar.

Desde Albania hasta Kosovo

En la cima de Prizren | Desde Albania hasta Kosovo “a dedo”

Nos dejaron en el centro de la ciudad y se despidieron. Tan rápido como nos conocimos. Los vimos alejarse. De vuelta hacia Albania. Hacia su tierra. Me los imagino con la conciencia tranquila y el orgullo bien alto de pertener a uno de los países más amistosos del mundo.

Nos leemos.


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Escritor | Viajero | Licenciado en Administración. Actualmente me encuentro viajando por el mundo y decidí crear este espacio virtual para unir dos pasiones: Escribir y Viajar. Pila en Google+

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